“¡Nunca lo harás bien!” Aprendiendo a lidiar con el implacable “crítico interior”

Lo conoces muy bien. No es necesaria una presentación formal. Seguramente, lo vienes escuchando más de una vez al día, desde tu temprana infancia. Hablamos del “crítico interior”, esa voz mental que quizás en este mismo instante te está haciendo sentir culpable por darte un momento de respiro en tu extenuante jornada para leer este post y, de paso, echar un vistazo a las redes sociales. Esa voz que se encarga de hacerte ver, sin ninguna delicadeza y/o consideración, todos los supuestos “errores” que has cometido a lo largo del día. Esa voz a la que no le importa tu bienestar: sólo quiere mostrarte que, hagas lo que hagas, siempre fallarás, siempre habrá algo que harás mal.

¡Qué fastidio! Y si de adultos tenemos dificultad para hacer frente a este “crítico interior”, ¡imagínate nuestros hij@s! Con el agravante además de que en ellos, esa voz censuradora causa estragos en su personalidad en desarrollo (¿acaso no los causó ya en la nuestra?), sirviendo como caldo de cultivo para futuras inseguridades, ansiedades, problemas de autoestima y hasta depresiones.

Critico

 Afortunadamente, prácticas como el mindfulness nos ayudan a tomar consciencia de esa voz autocrítica, de que cada cierto tiempo se hace notar, pero que NO SOMOS esa voz y por tanto nos permiten adoptar acciones en aras de silenciar -aunque sea a ratos- ese implacable juez interior.

En un reciente artículo publicado por el sitio Hey Sigmund (ver aquí), la psicóloga clínica Hazel Harrison nos da luce sobre cómo ayudar a los niños a silenciar la que denomina “autoconversación negativa”, esa rumiación mental que está hecha sólo de pensamientos críticos hacia nosotros mismos.

La especialista nos explica que “en algún lugar dentro de todos nosotros” se esconde ese crítico interno, “una criatura bastante aterradora, velluda y sin estilo, que se nutre de una dieta de autoconversación negativa y palabras descorteses y poco amables de los demás. Cada vez que rumiamos esas críticas duras e injustificadas, es como darle a esa criatura otra hamburguesa para picar”.

“Y luego, un día, notamos que esa criatura ha crecido y comenzó a hacer notar su peso alrededor. De hecho, esa gran criatura está mandando a todos en la casa del cerebro; haciéndoles bullying, incluso. Como se da cuenta, la criatura comienza a hacer visitas frecuentes allá arriba (en la cabeza) para decirle a los personajes del pensamiento que están perdiendo el tiempo”, agrega.

En los niños, esa criatura mental puede manifestarse a temprana edad, diciéndole por ejemplo que no es bueno para tal o cual deporte, o que más vale que no intente participar en la carrera del colegio porque llegará último. Y si el niño o niña por ventura tiene la fortaleza para soslayar esa “advertencia” y atreverse a participar, al primer tropiezo o caída en la carrera, la criatura volverá con todas sus fuerzas con el consabido “¡te lo dije!”, destilando toda su verborrea de recriminación.

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“Con 16 años, (la criatura crítica) se esconde debajo del mostrador de exámenes y susurra repetidamente ‘¡hey! ¡Vas a fallar en esto!’ Cuando es hora de dejar el colegio y pensar en una carrera universitaria, el crítico comienza un coro de ‘nunca lo harás; no vas a lograrlo; nunca llegarás a nada’”, añade Harrison.

En resumen, el crítico interior nos hace sentir que, lisa y llanamente, somos basura… y que sin importar cuánto nos esforcemos, al final siempre acabaremos demostrando -a los demás y a nosotros mismos- que nunca lo dejaremos de ser. Es en esa criatura maloliente donde muchas veces se escuda la razón que nos lleva a renunciar, a tirar todo por la ventana cuando las cosas se ponen difíciles. En definitiva, nos hace sentir tristes y miserables.

Pero Harrison nos advierte que no todo está perdido. De hecho, podemos luchar y enfrentar a ese crítico interior, tanto en nosotros como en nuestros hijos. ¿Cómo? Averígualo en nuestro próximo post. ¡Hasta entonces!

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