Caminata consciente: la vida en cada paso

Caminar es una de las actividades más simples y básicas del ser humano. Sana para el cuerpo, sana para el alma. Caminamos cuando queremos desplazarnos de un punto a otro, pero también para relajarnos en medio de un parque, cuando necesitamos darle vuelta a una idea, reflexionar o tomar una decisión importante. También caminamos por deporte, para quemar esas calorías extras que nos molestan. En fin, caminamos para lo que se nos ocurra. Pero si se fijan, casi siempre ese caminar tiene un sentido, un “por qué” y un “para qué”.

Pero, ¿alguna vez hemos caminado sólo por el hecho de caminar? Me refiero a caminar sin tener norte establecido, sin pensar en que tengo que llegar a tal o cual lugar, o que mover los pies me sirve para esto o aquello.

La caminata consciente es una práctica de concentración, que tiene por objetivo llevar la atención a la experiencia sensorial de mover los pies y, a través de este simple ejercicio, reconectarnos con el momento presente. El psicólogo estadounidense Christopher Willard, experto en Mindfulness Infantil y autor del libro “Child’s mind”, recalcó en una reciente visita a Chile que una de las actividades más efectivas para ayudar a levantar nuestro estado de ánimo es la caminata consciente o “walking meditation” (meditación caminando).

Recordó que Thich Nhat Hanh y muchos otros grandes maestros recomiendan la caminata consciente como un “puente” entre una práctica formal de mindfulness, como la meditación sentada, y la práctica de atención plena en nuestra vida diaria. Como dijo el botánico John Muir, “en cada caminata en la naturaleza, uno recibe mucho más de lo que busca”.

 

Pero hay algunas recomendaciones importantes que se deben tener en cuenta a la hora de comenzar a practicar la caminata consciente. Primero, y aunque suene de perogrullo, tener la intención de caminar de manera consciente. No es lo mismo caminar de manera distraída, cuando vamos de camino al trabajo o a dejar a nuestros hijos al colegio, a toda prisa y pensando en mil y una cosas, que regalarse la oportunidad de mover nuestros pies sin objetivo alguno, sólo por el gusto y el placer de caminar. Porque aquí se trata de disfrutar de cada uno de nuestros pasos, sin pensar a dónde nos llevan. Traemos amablemente nuestra atención a cada paso para disfrutar de cada movimiento de los pies. Algo que me sirve mucho es imaginar que he pasado mucho tiempo postrado en cama y la vida me regala de nuevo la posibilidad de caminar. ¿Cómo sentirías cada paso si ese fuera el caso? ¿Qué sensaciones y emociones te embargarían por el sólo hecho de volver a levantarte y recobrar el movimiento de tus pies? Ciertamente, caminar es un milagro… uno de los tantos que la vida nos regala y que muchas veces no sabemos apreciar en toda su dimensión.

Una segunda recomendación es caminar en silencio. Como en el comer consciente o la meditación sentada, el regalarnos unos minutos de silencio nos permite ralentizar nuestra incesante actividad mental para volvernos más receptivos a la experiencia. Callamos, y de pronto nos damos cuenta que el mundo está ahí, afuera, vivo. Nos volvemos escucha y casi de manera inmediata comenzamos a ser conscientes de nuestras sensaciones, pensamientos y emociones. De nuestros pasos también.

Por último, reduce la velocidad. Camina lentamente, sintiendo cada paso. Que nada ni nadie te apure. Como te señalaba, se trata de disfrutar cada movimiento, observado no sólo las sensaciones que te produce, sino también percibiendo lo que te rodea. Además, caminar de una manera pausada facilita que puedas sincronizar tu respiración con cada paso. Por ejemplo, puedes inspirar cuando levantas un pie, y exhalar cuando lo vuelves a colocar en el suelo. O contar cuántos pasos toma tu inspiración y cuántos tu exhalación. Al sincronizar tus pasos con la respiración, sincronizas tu mundo interno con la vida exterior.

“Vuélcate completamente en cada uno de tus pasos, para poder producir así la energía de la estabilidad y de la paz. Es mucha la energía que disipas si hablas mientras caminas, de modo que, si tienes que escuchar a alguien, conviene que te detengas y escuches con todo tu ser (…) Debes convertir cada caminata en una meditación caminando, porque pasear atentamente te proporciona más paz y felicidad que hacerlo distraído”, nos aconseja Thich Nhat Hanh en su libro “Plantando semillas”.

El maestro zen afirma que “caminar en plena consciencia nos trae la paz y la alegría, y hace nuestra vida real. ¿Por qué andar con prisas? Nuestro destino final no será otro que el cementerio. ¿Por qué no caminar en la dirección de la vida, disfrutando la paz en cada momento y a cada paso? No hay que esforzarse. Disfruta cada paso que das. Cada paso te trae al hogar del aquí y ahora. Este es tu verdadero hogar, porque únicamente en este momento, en este lugar, puede ser posible la vida. Ya hemos llegado”.

 

Una vez que hayas practicado y disfrutado (por favor, nunca olvides disfrutar) el caminar consciente, llegó la hora de compartir la experiencia con tus hijos o los niños y niñas que están a tu amoroso cuidado. Para eso, te sugerimos algunas breves prácticas que permiten redescubrir la magia del caminar con atención plena.

Respirar con los pies: ¿se puede respirar con los pies? Pues claro que sí. Podemos enseñar a nuestros pies a sincronizarse con la respiración, para que sean parte de un solo y único proceso. Ponte de pie frente a tu hijo y adopten una postura derecha, pero relajada. Estiren la espalda como si quisieran tocar el cielo con la cabeza, pero procurando al mismo tiempo relajar los hombros. Estabilicen firmemente sus pies sobre el suelo y luego, lentamente, pídele que levante suavemente el pie derecho, mientras al mismo tiempo realiza una inspiración profunda. Luego, vuelvan a bajar el pie lentamente, acompañado de una exhalación. Repitan el ejercicio con el pie izquierdo.  Es importante que cada vez pongan su atención no sólo al hecho de sincronizar el movimiento con la respiración, sino también a las sensaciones de levantar el pie y depositarlo lentamente sobre el suelo.

Caminar en cámara lenta: una vez que hayan ejercitado el “respirar con los pies”, practiquen el caminar como si lo estuvieran haciendo en cámara lenta, llevando la atención a cada movimiento del pie, de la pierna, de los brazos. Demórense en cada paso. Tomen consciencia de todos los músculos que intervienen en un ejercicio tan simple como caminar. No olviden respirar de manera consciente. ¿Cómo se siente? ¿Sienten el peso de la gravedad? ¿El balanceo de los brazos? ¿Qué diferencia sienten entre moverse así y caminar de manera normal o rápida? Después de unos tres o cinco minutos, deténganse, fíjense cómo se siente el cuerpo estando quieto y tranquilo y concluyan con tres respiraciones conscientes. Compartan la experiencia.

Pisando sobre arena, nieve y hielo: esta es una práctica muy entretenida para realizar con niños, porque se debe hacer uso de la imaginación y la creatividad. Pídele a tu hij@ que se descalce y jueguen a caminar primero como si estuvieran sobre la nieve, dejando una huella profunda en cada paso. ¿Cómo lo harían? ¿Cómo se moverían? Tomen consciencia de cada paso, lento, profundo, pesado. Sientan como si se hundieran en la nieve y luego tuvieran que realizar un gran esfuerzo para sacar el pie de la nieve. Luego de un par de minutos, repitan la experiencia, pero esta vez imaginando que caminan sobre la arena de la playa, en un día muy caluroso. ¿Quema, no es cierto? Muevan los pies como si trataran de evitar el contacto con la arena caliente.  Por último, imaginen que caminan sobre un lago congelado.  Posen delicadamente sus pies sobre el suelo, como si trataran de alivianar el cuerpo para que no se quiebre el hielo. Finalicen con tres respiraciones conscientes y compartan la experiencia.

Paseando con las emociones: ¿cómo caminarías si estuvieras enfadado? ¿Cómo lo harías si estuvieras feliz? ¿O si tuvieras mucho miedo? ¿Cómo caminarías si fueras muy tímido o, por el contrario, fueras un ídolo deportivo? La idea es jugar a caminar de diferentes formas, intentando observar qué postura adopta nuestro cuerpo al moverse con cada emoción. Vean cómo las emociones se expresan en nuestro cuerpo y cómo incluso pueden afectar nuestra forma de caminar.

Sembrando flores con nuestros pies: esta es una bella práctica, que tomé prestada de la comunidad de Plum Village, que dirige Thich Nhat Hanh. El maestro vietnamita nos propone caminar imaginando que vamos sembrando flores en cada paso. Visualizamos las flores abriéndose bajo nuestros pies. “Nos hacemos uno con nuestro planeta verde”. Y por último, no olvidemos sonreír. Nuestra sonrisa también puede sembrar flores de paz y alegría en el corazón de las personas que vamos encontrando en nuestro caminar. ¡Celebremos la vida en cada paso!

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Un comentario en “Caminata consciente: la vida en cada paso

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