Mindfulness infantil: ¿de qué estamos hablando?

A veces, no hay mejor inicio que empezar por el final. Por eso, antes de contarte de qué trata este post, te quiero proponer una pequeña y breve práctica, que no te tomará más de un minuto. Así, a quemarropa. Sin introducciones ni explicaciones de por medio. Ya habrá tiempo para ello. Porque de lo que te vengo a hablar es acerca de una actitud de vida, una experiencia que debe ser vivida, más que explicada. ¿Cómo explicarías a tu hijo(a) el sabor de una naranja? ¿Cómo le transmitirías, en palabras, la experiencia de morder un jugoso gajo?

Por cierto, resultaría muchísimo más fácil y práctico dárselo para que, en apenas una mordida, pudiera conocer de manera directa y fidedigna. Entonces, jugando con esta analogía, voy a ahorrarme de momento cualquier explicación y pondré en tus manos una naranja, confiando en que te animarás a probarla por ti misma. Te pido por favor que me des un voto de confianza y te entregues al siguiente mini-ejercicio que, como te decía, no te tomará más allá de un minuto (literal).

Empecemos: allí donde estés leyendo estas líneas, ya sea en el escritorio de tu oficina, en la comodidad de tu casa, sentada bajo la sombra de un árbol en una plaza, esperando en una consulta, donde sea que estés, siéntate lo más cómoda posible. Posa suavemente tus manos en tus muslos e Intenta relajar la espalda, los brazos, los hombros. Estira (sin forzar) tu columna, como si quisieras tocar el cielo con la cabeza. Quédate así unos segundos, mientras llevas tu atención a las sensaciones del cuerpo. ¿Cómo te sientes?

¿Puedes identificar alguna tensión, quizás en los hombros, el cuello, la espalda? ¿Algún dolor que moleste? ¿Alguna sensación placentera? La temperatura ambiente, ¿te acomoda?

Ahora, lleva tu atención a la respiración. Fíjate en qué parte de tu cuerpo puedes percibir su flujo.

¿En el pecho, el abdomen? Te quiero pedir que durante las próximas tres respiraciones, mantengas tu atención en el ir y venir del aire. Cuando inspiro, sé que estoy inspirando. Cuando respiro, sé que estoy espirando. Sólo trata de enfocarte en eso, sin pensar en nada más. Sigue atentamente tu inspiración y exhalación, sin intentar controlarlas. Nada más obsérvalas, siéntelas, sin interferir en lo absoluto. De nuevo, enfócate en las sensaciones. Mantén la atención durante tres ciclos de respiración. Si quieres, puedes cerrar suavemente los ojos mientras realizas esta práctica. Si no te acomoda, mantenlos abiertos, pero baja levemente tu mirada y pósala en el suelo a una breve distancia tuya, sin enfocar nada en particular. Te doy unos segundos para que realices esta breve práctica y nos reencontramos en el siguiente párrafo.

¿Y? ¿Cómo te fue? ¿Te resultó muy complicado? Quizás aún no lo sabes, pero lo que acabas de realizar es una práctica de Mindfulness, un término que lo más probable ya hayas escuchado o leído en más de alguna oportunidad. A modo de una simple definición, y para no extenderme en conceptualizaciones, te puedo decir que Mindfulness es darte cuenta de lo que está pasando en este preciso momento, aquí y ahora, con aceptación y sin juzgar. Así de sencillo… así también de desafiante, porque cuán difícil resulta en el mundo de hoy darse un tiempo para detenerse y aprender a enfocar nuestra atención en sólo una cosa a la vez.

Es esa habilidad la que vengo a proponerte que cultives con tus hijos. No es meditación, no es una religión. No hay mantras ni visualizaciones de por medio. Te repito: se trata de una práctica que permite asentar una actitud de vida. La capacidad de detenerse y observar tanto lo que sucede fuera como dentro de uno. ¿Y qué tiene que ver Mindfulness con niños? ¡Pues todo! El cultivo de esta hermosa práctica trae un sinnúmero de beneficios para los más pequeños: les permite incrementar su concentración, desarrollar una conciencia de sí mismos, alcanzar un mayor balance emocional, controlar los impulsos, disminuir la ansiedad y el estrés, cultivar la empatía, entre otros muchos más.

Por eso, te invito a que nos juntemos cada semana para compartir reflexiones y breves pero nutritivas actividades en torno al mindfulness, que podrás realizar fácilmente en casa con tus hijos.

Como toda habilidad, la capacidad de llevar la atención al momento presente se incrementa con la práctica, por lo que a medida que vayas compartiendo estos ejercicios con los más pequeñitos, irás regando en ellos semillas de presencia plena y bienestar que de seguro contribuirán a su desarrollo emocional y cognitivo.

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